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La encrucijada socialista

Alfredo Joignant

Publicada el: 26/01/2010


La Segunda, lunes 25 de enero de 2010

Tras la renuncia de la directiva y la asunción de un nuevo presidente transitorio del PS, Fulvio Rossi, el socialismo ha pavimentado el camino hacia sus elecciones internas. En estos comicios, el PS deberá elegir entre tres rumbos, del que se desprenden concepciones muy distintas de su propio desarrollo, y al final del camino de su futura relevancia política y social en Chile. Por añadidura, cabrá tomar en consideración el inevitable ingreso al electorado de cerca de cuatro millones de nuevos electores, de los que sabemos son predominantemente jóvenes, en su mayoría mujeres y con una problemática inserción en el mercado laboral. Es entonces en este contexto que cabe entender la pertinencia del relevo generacional, el que no se explica solamente por las bondades de la edad o por el espontáneo atractivo de nuevos rostros.

La primera opción, de naturaleza popular, es congruente con la clásica definición del PS, según la cual se trataría de un partido de trabajadores, destinado a representar predominantemente el universo de trabajadores manuales, de acuerdo con la histórica retórica política ensayada en los últimos veinte años. En esta opción se inscribe la candidatura del ex ministro y hoy diputado Osvaldo Andrade, quien, sin mucha sociología de los que se desea representar, puede sin embargo apelar a su propia trayectoria para asentar su liderazgo. El supuesto de esta primera opción es que los trabajadores así entendidos conforman una mayoría social que cabe transformar en base para la construcción de una mayoría política. Hasta prueba de lo contrario, el PS nunca lo ha logrado, habida cuenta de su estancamiento en torno al 10 u 11% de los votos desde 1990, lo que permite albergar dudas acerca de la capacidad de representación popular del socialismo, y naturalmente sospechas de si esta definición de los trabajadores es realmente precisa.

La segunda opción, de corte socialdemócrata, es liderada por el diputado Marcelo Díaz, cuyo ideario es transformar al PS en un partido de clases medias y populares, esto es un vasto y ancho universo de grupos sociales cuyo denominador común es su condición de asalariados. Si bien la diferencia con la primera opción es algo más que un matiz, ésta dista mucho de ser sideral. ¿Por qué? Simplemente porque de lo que se trata es hacer doctrina partidaria desde las políticas redistributivas y universales que han sido implementadas bajo los gobiernos de la Concertación, aunque transitando desde estándares populares a definiciones del bienestar cada vez más apegadas a la subjetividad y a las condiciones de existencia de los grupos medios. El desafío es mayúsculo, ya que todas las formas conocidas de socialdemocracia suponen un entroncamiento virtuoso entre partido y mundo sindical, el que sabemos es extraordinariamente débil en Chile. Junto a esto, es importante tomar nota del extraño estigma asociado al vocablo “socialdemocracia” en el PS, en circunstancias que buena parte de lo obrado y gobernado durante veinte años, y en particular durante la administración Bachelet, se inscribe en esta definición de la política socialista.

La tercera opción, de éxito muy improbable, se funda en lógicas movimientistas o catch-all, a partir de una apertura partidaria al mundo social organizado. Esta opción tiene escasos antecedentes en la tradición socialista, la que se aviene mejor con concepciones orgánicas destinadas a representar clases sociales y no grupos, estratos, personas o simplemente ciudadanos. Este punto es crucial, ya que permite poner el dedo en el principal fundamento de la política pepedeísta, y por tanto en la fuente de división original y hoy de diferenciación entre ambos partidos.

Son estas opciones, y no otras, las que se juegan en los futuros comicios internos del PS. Desafortunadamente, existen pocas chances para que los votantes socialistas sufraguen al cabo de debates de ideas y no del uso de loa correlación bruta de fuerzas, dado el peso de los aparatos internos involucrados. Mi convicción es que la segunda opción es el único rumbo racional y posible, razón por la cual apoyo la candidatura de Marcelo Díaz, en el entendido que las diferencias con la primera opción no son insalvables.