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Isapres, Hospitales y Seguridad Social

Marcos Vergara

Publicada el: 30/04/2008


La Segunda, miércoles 30 de abril de 2008

En el sistema de seguridad social de salud chileno existen dos subsistemas de diferente naturaleza, en los que la distribución de la población no es aleatoria, pues cada uno sirve a distintos segmentos sociales según ingresos y sus riesgos de enfermar, es decir, el sistema está segmentado en función de estas variables.

La reforma, sin negar sus aciertos, no logró cambiar el sistema de seguridad social de la salud. Hoy las Isapres siguen siendo especialistas en la tarificación de los riesgos de enfermar, teniendo a su disposición la válvula de escape del incremento de los precios, sin que procuren incentivar el ahorro. Lo anterior, se da en un escenario donde la estructura de los planes ha generado una creciente “moral hazard” (la confianza de que el sistema está de por sí asegurado), por cuanto se cubren prestaciones de ocurrencia cierta, de bajo costo, pero muy frecuentes y elásticas frente al precio. Paradojalmente, el incremento de los costos para los pacientes se traduce en una reducción de la protección o en la emigración de los beneficiarios riesgosos hacia FONASA.

Sin embargo, la reforma tampoco encontró la fuerza suficiente para realizar transformaciones profundas en el sistema hospitalario público. Hoy los beneficiarios de éste sólo pueden atenderse en ciertos recintos, fiscalizados por quien también controla al encargado de brindarles protección en salud, con lo que se pierde de vista al cliente y se burocratiza la atención. Una de las causas del problema de los hospitales públicos es la adscripción al régimen de Administración Central del Estado, ello debido a la rigidez que se le impone a la gestión. Si se toma a los hospitales como grandes empresas, dado su gran número de trabajadores y su presencia en la mayoría de las ciudades de Chile, es posible contemplar también que el Estado sí dispone de formatos más apropiados para la administración de las empresas de su propiedad.

Si bien, se hace sumamente necesario modificar la naturaleza de las Isapres y diversificar la oferta de servicios para los beneficiarios de FONASA, no parece razonable iniciar un quinto esfuerzo para adaptar a las Isapres al sistema de seguridad social, porque ello no forma parte de su naturaleza. Tampoco es sano reducir el problema hospitalario a la mala fortuna del Hospital de Talca o del Hospital San José.



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