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Los efectos del terremoto en perspectiva regional

Jorge Marshall

Publicada el: 18/05/2010


El Mercurio, martes 18 de mayo de 2010

Hay que alejarse de la idea de elaborar un plan acabado, porque el futuro depende de la acumulación de una serie de acciones incrementales, que parecen aisladas, pero que en su conjunto configuran una estrategia armónica.


Transcurridos cerca de tres meses del terremoto, es oportuno extender el horizonte de análisis e indagar en sus posibles efectos de largo plazo en la zona afectada. Los estudios empíricos muestran que los desastres geológicos tienen un impacto negativo en el corto plazo, pero que al cabo de cinco años sus efectos en el crecimiento a escala nacional son pequeños. Sin embargo, su huella se concentra en actividades y localidades que difícilmente vuelven a la misma trayectoria que traían: parte del capital destruido no será repuesto en la misma zona, hay activos intangibles difíciles de recuperar y una parte de la fuerza de trabajo emigrará en busca de mejores oportunidades. Además, las decisiones de inversión de unas empresas dependen de lo que esperen que hagan otras y la acción colectiva depende de la disposición a la colaboración, lo que puede llevar a diferentes trayectorias locales.

El Banco Central estima que el terremoto generará una pérdida equivalente a entre un 1% y 1,5% del producto del país, pero en relación al producto de la zona afectada este efecto será seis veces mayor. Y en las localidades que concentran las actividades industriales el daño proporcional puede ser aún superior. Por otra parte, el crecimiento de tendencia de la zona afectada en las últimas décadas está por debajo del resto del país. El mayor contraste ocurre en el Biobío, que entre 1986 y 2008 creció en un promedio de 3,8% anual, mientras el resto del país lo hizo en 5,9%.

Esto significa que hay factores estructurales que interactúan con los efectos del terremoto, por lo que el dinamismo de los próximos años en la zona afectada depende de las decisiones que se adopten en el presente y es ahora cuando se juega la posibilidad de enfrentar las deficiencias históricas de competitividad. En la literatura económica este fenómeno se conoce como la hipótesis de "la historia importa" o la "dependencia del camino", que plantean que las oportunidades que tendrá una comunidad en el futuro están acotadas por las decisiones que se adoptaron en el pasado, las que van abriendo y cerrando puertas. La capacidad de colaboración entre los actores para generar una visión común y para actuar en el presente de acuerdo con ella es la variable más relevante.

Este enfoque de procesos evolutivos y de cooperación está inspirado en los trabajos de Joseph Schumpeter, quien vincula el crecimiento económico a la innovación a través de la "creación destructiva", y en los aportes de John Nash, Premio Nobel en 1994, quien desarrolla el principio de equilibrio en la colaboración en el marco de la teoría de juegos. Este último establece que una sociedad maximiza su nivel de bienestar cuando cada jugador actúa a favor de su propio bienestar, pero sin perder de vista el de los demás integrantes del grupo.La experiencia de regiones exitosas muestra algunas lecciones relevantes para las zonas afectadas. Por ejemplo, en todos los casos de éxito hay ciertos activos que atraen nuevas inversiones, que inicialmente pueden responder a la disponibilidad de recursos naturales, pero que con el avance del desarrollo son aportados por activos intangibles que se logran con la colaboración. Estos activos que sirven de gancho para el crecimiento no resultan de la acción espontánea de los mercados y tampoco de la planificación del Estado, sino de un camino intermedio en que muchas acciones descentralizadas generan un ambiente de alta interacción y conectividad que hace una diferencia en la competitividad de las empresas.

Con este marco es posible identificar tres factores clave para generar una nueva trayectoria de crecimiento en la zona afectada. Primero, un liderazgo que permita mantener la mirada en un horizonte de mediano plazo, evitando que las tareas del día a día terminen arrebatando toda posibilidad de visualizar el futuro. Las decisiones más relevantes que toman las empresas, las personas y el Estado están vinculadas entre sí y la colaboración permite reducir costos, manejar riesgos, generar activos colectivos y aportar información relevante.

Segundo, la mayor contribución que puede hacer el resto del país a la zona afectada es dotarla de una capacidad analítica de excelencia, porque la calidad de la información y la calidad del análisis son indispensables para las decisiones que tomarán los actores locales y hay un enorme beneficio cuando la rigurosidad de los fundamentos analíticos se combina con los espacios de colaboración.

Tercero, reconocer que una sola entidad o un sector no tienen la capacidad para resolver por sí mismos las dificultades estructurales, por lo que se deben desplegar procesos para que las decisiones incorporen a todos los actores relevantes, lo que debe comenzar por un intercambio en torno a una visión de lo que se quiere lograr en un horizonte de mediano plazo.Hay que alejarse de la idea de elaborar un plan acabado o detallado, porque el futuro depende de la acumulación de una serie de acciones incrementales, que parecen aisladas, pero que en su conjunto logran configurar una estrategia armónica. Para lograr este efecto debemos hablar del futuro, tener una idea de adonde vamos, construir una narrativa para ese proyecto e indagar en la forma en que lo haremos. A partir de esta visión necesitamos confiar en la efectividad de iniciativas graduales, más que en la aplicación de grandes proyectos.

Las condiciones actuales de la vida económica y social de la zona afectada distan de la normalidad, a lo que se agrega una gran incertidumbre sobre el futuro. Este es el momento para elevar la mirada, tomar altura para ver el panorama completo, incluyendo la historia, el presente y los diferentes futuros que se abren. Para construir una nueva trayectoria de crecimiento debemos tener en cuenta el pasado, con sus luces y sus sombras, y el presente, con sus temores y esperanzas.



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