COLUMNAS:

Buscar columnas:

Ingrese un criterio de búsqueda:


Temas Expansiva UDP


Columnas

La supremacía masculina

Alfredo Joignant

Publicada el: 17/05/2010


La Segunda, lunes 17 de mayo de 2010

El último episodio de bochorno colectivo que tuvo lugar en el hemiciclo, protagonizado por varios diputados y el ministro del Interior (y no por mujeres), no sólo acentúa el desprestigio del Congreso y de la actividad política. Este también refleja, de manera insidiosa, una franca regresión en las relaciones políticas de género en Chile, en el entendido de que el lenguaje es un verdadero depósito en el que se conserva y reproduce el inconsciente masculino. Sin mediar control alguno de las emociones (parafraseando a Elias), resulta inaceptable el uso por parte de monjes y pajes, de derechas e izquierdas, de un lenguaje cargado de androcentrismo.

Es esta prevalencia del lenguaje ingenuamente viril, de características casi primitivas, el que se condensó en un cúmulo de epítetos entre adversarios, desde el “cola” a la sacada de madre a una diputada, sin olvidar los supuestos pagos por servicios sexuales (o peor aún, de proxenetismo). Cómo no verlo: lo que este lenguaje refleja es una verdadera cultura masculina, cuya supremacía pareciera ser incontrarrestable, y que desmitifica en buena hora la reflexión androcéntrica de Nietzsche sobre la necesidad de la dominación masculina: “En la venganza y en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre”.

A estas alturas, son demasiados los signos de regresión hacia esquemas asimétricos en las relaciones políticas entre hombres y mujeres: desde la conformación del gabinete con una minoría de mujeres situadas en posiciones naturalmente dominadas del organigrama (en el Sernam, en Vivienda o en Bienes Nacionales, y cuando no, con ministras rápidamente despojadas de prestigio y jerarquía por el jefe de gabinete), hasta el comentario irónico del Presidente Piñera, al comparar el incomprensible carácter voluble de la opinión pública con una misteriosa esencia femenina. Sin embargo, el punto del asunto no es sólo de volumen de mujeres en tal o cual poder del Estado (de hecho, hoy hay 3 senadoras más en la Cámara Alta), sino de efectiva incidencia en los comportamientos políticos. Para ser justos, la izquierda nada hace para enfrentar la regresión, como bien lo muestra la dura prueba de rudeza a la que se encuentra sometida Carolina Tohá en la elección interna del PPD, sin olvidar el lenguaje sexista de uno que otro parlamentario socialista. En tal sentido, la izquierda recupera algo de sus raíces que se hicieron tan notorias durante el gobierno de la Unidad Popular en las páginas del Clarín y del Puro Chile: homofobia orgullosamente declarada y elogio a la rudeza masculina de la política.

Es probable que se haya cifrado demasiada esperanza en el gobierno de la Presidenta Bachelet. Dado el escenario de retroceso, resulta sorprendente que la representación más “progresista” de las reivindicaciones de las mujeres esté liderada por aquel grupo de señoras que regularmente se junta a tomar el té en eventos de alta cobertura mediática (ComunidadMujer), en el marco de una verdadera industria de la igualdad que se contenta con contemplar y lamentar las relaciones asimétricas de género. Digámoslo por su nombre: hacer fund raising para financiar eventos sociales, en donde se aborda una que otra desigualdad de las mujeres en relación con los hombres, no constituye una política de igualdad de género, sino más bien una práctica que no incomoda a nadie, precisamente porque carece de radicalidad. Si se trata de “generizar” las relaciones sociales, y de socavar la supremacía masculina que se inscribe en las instituciones y en el lenguaje, pues para ello se requiere algo más que la cómoda crítica que se formula en el salón del té: algo así como trabajo intelectual que se vuelve práctica política, desconociendo y criticando la supremacía de tan sólo una mitad de los chilenos.



Publicaciones relacionadas:




Columnas relacionadas:




Videos relacionados:




Audios relacionados:




Perspectivas relacionadas: