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EL desarrollo económico local más allá de la reconstrucción

Jorge Rodríguez Osorio

Publicada el: 19/05/2010


La Segunda, miércoles 19 de mayo de 2010

El foco de la discusión post-terremoto se ha centrado en la fase de reconstrucción, principalmente en la reposición de viviendas y, en menor medida, en la destrucción de la infraestructura para la producción. Ambos factores, el primero desde la demanda y el segundo desde la oferta, causarán una caída en la producción en el corto plazo: tomando los datos del Banco Central y del gobierno sobre pérdida de stock de capital, es posible proyectar que las economías de las zonas afectadas podrían tener un retroceso en el PIB de 3% a 6% en el presente año.

Sin restarle importancia a lo anterior, se hace necesario un análisis respecto de la trayectoria futura de las regiones dañadas. Algunos elementos que determinarán el dinamismo de largo plazo de las economías regionales son los cambios en la estructura productiva, los flujos migratorios de capital humano y la calidad y cantidad del capital físico repuesto. No es trivial predecir el comportamiento de estas variables, ya que ello depende de un juego dinámico de retroalimentación entre las expectativas de hoy y las acciones concretas por parte de las comunidades afectadas y de sus líderes.

La esperanza sobre si las regiones golpeadas transitarán por una nueva senda que se caracterice por un alto crecimiento –con empleos de alta productividad y con proyectos de inversión rentables– es clave. Para la instauración de esta creencia, sin dejar de lado las urgencias actuales, debe establecerse en aquellas localidades un proceso para la construcción de una estrategia con un objetivo de desarrollo más ambicioso que la mera reposición de lo destruido. De otro modo, los inversionistas (grandes y pequeños) y los talentos regionales, inevitablemente emigrarán a ciudades en donde sientan que sus esfuerzos tendrán un mayor retorno.

La generación de esta visión de futuro recae sobre toda la comunidad. En particular, los gobiernos regionales deben promover el capital social, gestionando la colaboración necesaria para el desarrollo de esta visión común. En la práctica, esto puede concretarse por medio de una serie de mesas de diálogos regionales, cuyos temas a tratar respondan a una lógica de largo plazo: desarrollo productivo, distribución de oportunidades (salud y educación), desarrollo medioambiental, entre otros. Finalmente, hay que considerar que no será posible darle un nuevo rumbo al crecimiento y al aprovechamiento de las potencialidades de las zonas afectadas, sin la concepción de un nuevo proyecto territorial–elemento distintivo de las regiones exitosas en el mundo– el que ayudará a anclar las expectativas y a cimentar las bases para las economías regionales del futuro.



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