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Se hace camino al andar

Jorge Marshall

Publicada el: 02/06/2010


La Segunda, miércoles 02 de junio de 2010

“El mundo está lleno de ideas, lo difícil es convertirlas en realidad”, comentó el destacado innovador y empresario Wenceslao Casares en un seminario realizado en la región de Valparaíso, días antes del 21 de mayo. Habiendo registrado ese comentario y viendo que las iniciativas del mensaje presidencial para convertir a Chile en un país desarrollado -en el ambicioso horizonte de una década- tuvieron una favorable acogida transversal, pensé que esa era otra ratificación de que el déficit no está en las ideas, sino en implementarlas.

La implementación toma tiempo y requiere capacidades institucionales que no tenemos bien desarrolladas en el Estado, así que pensar que este gobierno logrará saltarse pasos produce más expectativas que resultados y puede llevar a la frustración. Por ello he aquí algunas claves para la implementación de la agenda del gobierno.

La primera condición para implementar cualquier programa es establecer un sentido de urgencia, que el gobierno ha instalado bien en su cúpula, pero que no ha diseminado hacia otros niveles que son indispensables. Según John Kotter, profesor de la Universidad de Harvard, el sentido de urgencia se logra cuando cerca del 75% de las personas relevantes de la organización están genuinamente convencidas de los cambios que se quieren introducir.

La segunda condición es generar una coalición dentro del Estado que apoye las transformaciones. Muchas instituciones -públicas y privadas- tienen que trabajar juntas para tener éxito, dejando de lado las ambiciones de poder individuales. Esta es una tarea de coordinación dentro del gobierno, de colaboración con los gobiernos locales y de gestión de redes de organismos privados que están vinculados a las políticas públicas, la que no se puede reemplazar por monitoreos “desde arriba”.

Tercero, la llamada “nueva forma de gobernar” debe hacer todo el tránsito evolutivo desde haber nacido como una exitosa idea de campaña hasta convertirse en un activo y un patrimonio del Estado, lo cual requiere anclar el nuevo enfoque orientado a los resultados en los sistemas de gestión, en las decisiones clave y en el estilo de funcionamiento del sector público. Se debe asegurar que la nueva generación de directivos públicos realmente personifique este nuevo enfoque.

En períodos presidenciales de cuatro años la tentación es declarar victoria demasiado pronto, sin consolidar los cambios institucionales que toman de 5 a 10 años. Cuando no se aborda la capacidad de implementación los cambios son frágiles y sujetos a regresión, como lo muestran muchos casos de empresas que han invertido en proyectos de trasformación y luego de un tiempo han vuelto al punto de partida.



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