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Costo de la energía en Chile

Vivianne Blanlot

Publicada el: 16/06/2010


La Segunda, miércoles 16 de junio de 2010

El aumento en el costo de la energía registrado durante estos últimos seis años se originó debido a los altos precios internacionales de los combustibles y a la reducción del suministro de gas natural que venía desde Argentina, lo que implicó un cambio radical en la situación del sector. Chile debió enfrentar el corto plazo utilizando petróleo diesel de alto costo, a lo que se suma que los planes de inversión de las empresas tuvieron que reemplazar futuras inversiones de largo plazo en centrales de gas natural por centrales de carbón. Por otra parte, se comenzaron a estudiar proyectos de energías renovables no convencionales y se reactivó el estudio de centrales hidroeléctricas, mientras que en el corto plazo se aumentaba la capacidad de respaldo en base a motores a diesel. Desde el 2003 al 2008 el precio de equilibrio en la producción de electricidad llegó a aumentar en un 80%.

En la actualidad si se consideran -en el mediano plazo y hasta el 2016- los proyectos en construcción, en etapa de tramitación de permisos, y los propuestos por la Comisión Nacional de Energía, la capacidad térmica agregada en la zona centro-sur del país constituirá un 71% entre 2010 y 2012, y un 51% entre 2010 y 2016, siendo en ese año un 27% de la capacidad instalada y entre un 45 y un 58% de la producción de energía. En el período 2010-2016 el precio de equilibrio del mercado eléctrico estaría en promedio entre 75 y 80 dólares por MWH, considerando las proyecciones existentes para el precio de los hidrocarburos y el carbón. Estos costos son altos si se comparan con las mayores economías de América del Sur, que muestran una participación más significativa de la energía hidroeléctrica y mayor abundancia de recursos energéticos propios.

Así, el desafío para Chile no es menor. Para continuar su desarrollo exportador y mejorar los estándares de bienestar internos requiere hacer los mejores esfuerzos para mantener la factura energética en niveles competitivos e invertir en eficiencia energética en forma significativa. Lo anterior implicará tomar decisiones sobre futuras fuentes de energía, y considerar desapasionadamente las ventajas y desventajas de las alternativas existentes. Las centrales hidroeléctricas con embalse y la energía nuclear difícilmente podrán desarrollarse en contra de la opinión de la ciudadanía, y ésta debe formarse en base a información amplia y objetiva de los costos económicos y ambientales de cada opción. Hasta el momento la información disponible para la mayoría de los ciudadanos es escasa, de mala calidad y, en gran medida, derivada de una batalla propagandística de los principales opositores y promotores de proyectos específicos.



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