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Salvemos a las lechugas

Pablo Allard

Publicada el: 23/06/2008


La Tercera, domingo 22 de junio de 2008

Sorprendentes reacciones han surgido ante la propuesta de actualización del Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS), que, entre otras cosas, propone ampliar las áreas urbanas en cerca de 10 mil hectáreas. Si bien es esperable, deseable y democrático que todos los actores e intereses relevantes se manifiesten, lo mínimo que esperamos de nuestras autoridades es un debate informado antes de rasgar vestiduras, asumir defensas corporativas o sembrar dudas respecto de la legitimidad del proceso.

En estas líneas, todavía resuenan las insólitas declaraciones de la ministra de Agricultura, Marigen Hornkohl. Preocupada por la inclusión de 3.057 hectáreas agrícolas en las áreas de expansión urbana, dijo que Santiago “tiene un huerto” que debe ser preservado, que Pedro de Valdivia fundó la ciudad “sobre las mejores tierras de Chile” y que, en el contexto mundial de aumento de precios de los alimentos, este huerto ayudaría a superar situaciones como un eventual desabastecimiento por un paro como el de los transportistas.

¿Por qué sorprenden estas palabras de la ministra? Porque, al parecer, no le explicaron bien el plan. La novedad en la propuesta está en que estos nuevos territorios, que se incorporan al área urbana de Santiago, no pueden ser urbanizados si no cumplen con una serie de condiciones mínimas para el cambio de uso de suelo. Esto asegura que las nuevas áreas contarán con equipamiento e infraestructura mínimos que internalicen los costos sociales que estos desarrollos generen al resto de la ciudad. Además, se reducen los espacios de discrecionalidad y se flexibiliza el límite urbano, para que se acomode a los cambios de contexto, reduciendo la especulación.

Sobre los temores por pérdida de valioso suelo agrícola, son totalmente emocionales y carecen de lógica. Al ser estos territorios contiguos al área urbana, su rentabilidad social más óptima no está en plantar lechugas o alfalfa. La calidad agrícola del terreno donde vive la ministra de seguro es de los mejores de Chile, pero por sus atributos de localización e infraestructura, por algo no se plantan lechugas en Ñuñoa o San Miguel. La tecnología agrícola ha relativizado los conceptos de calidad de suelo, es cosa de ver cómo en los últimos años se ha cuadriplicado la productividad del suelo y plantado cerros del valle central con pendientes de hasta 45 grados.

No nos engañemos: a todos nos gustaría mantener el hermoso paisaje del “huerto de Pedro de Valdivia” en nuestra ciudad, pero el costo de seguir expulsando a la población de escasos recursos cada vez más lejos de las oportunidades, o exponiendo a los propietarios de dichos terrenos, muchos de ellos agricultores, a trabajar sus tierras en condiciones cada vez menos favorables, por contaminación por riles, robos y tantas fricciones propias de la vida urbana.

Pensar que las pocas lechugas que se plantan en dichos terrenos son vitales para la autosuficiencia de la región no amerita discusión, y menos por parte de una autoridad que supuestamente maneja los datos.

Sobre lo ambiental el PRMS define áreas de riesgo y preservación ambiental, y asegura cuotas importantes de parques y áreas verdes en las zonas de expansión, los cuales se propone estén integrados e interconectados, para recuperar los corredores y redes ecológicas propias de la cuenca.

El nuevo plan es un paso importante en la modernización de los instrumentos de planificación territorial y ofrece la oportunidad de que nuestra ciudad cuente con herramientas flexibles y adecuadas para su desarrollo. Si bien hay muchos aspectos por discutir y perfeccionar, urge concentrarse en las discusiones de fondo. Invito a todos los interesados a informarse en www.seremi13minvu.cl



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