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El Estado en los medios

Pablo Halpern

Publicada el: 15/07/2004


La Segunda, 11 de junio de 2004.

Por estos días hemos conocido del propósito del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) de instaurar un sistema que mida la calidad de los noticiarios que los chilenos vemos cada noche. Es decir, una función que en las democracias desarrolladas reside en universidades y centros de estudios técnicos y académicos, aquí se la toma el Estado.

¿Qué hace un ministro de Estado, me pregunto, informando desde el palacio de gobierno las cifras de venta y lectoría de diarios? Es esperable que las autoridades políticas se preocupen de la transparencia de la industria de los medios, así como del buen funcionamiento de cualquier otro sector de la economía. Y, por cierto, es anormal que la prensa haya tardado tanto en proveer de información elemental acerca de la cantidad de gente que lee los diarios en Chile. Estos datos son esenciales para las empresas avisadoras que deben pagar, a lo menos en parte, por la cantidad de personas a las que llega su mensaje publicitario. ¿Pero era necesario ir al extremo de depositar en el gobierno la responsabilidad de velar por esta función? ¿Es el gobierno de turno, cualquiera sea su tendencia política, el indicado para entregar datos de circulación y lectoría?

La anterior no es la única intromisión inadecuada por parte del sector público en asuntos vinculados a la industria de los medios. Por estos días hemos conocido del propósito del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) de instaurar un sistema que mida la calidad de los noticiarios que los chilenos vemos cada noche. Es decir, una función que en las democracias desarrolladas reside en universidades y centros de estudios técnicos y académicos, aquí se la toma el Estado. ¿Cuál es la razón? ¿No sería más apropiado destinar fondos, a través de un concurso público, para que una institución académica diseñe y ponga en práctica estas mediciones?

Por estos días hemos conocido de la preocupación de un parlamentario por los métodos de medición de audiencias televisivas. A algunos no les gusta el rating on line, es decir, aquel instrumento que permite monitorear en tiempo real los niveles de sintonía de un programa de televisión. Esta tecnología es habitualmente usada para acortar entrevistas u otros contenidos de programas cuando la audiencia empieza a declinar. Se podrá discutir acerca del impacto que esta herramienta tiene en la televisión que consumimos. Pero prohibir por ley un instrumento de medición de audiencias invocando que su uso deteriora la calidad de la televisión es simplemente un despropósito. Que se sepa, no hay estudios que permitan afirmar que en los países en que se usa el rating on line la televisión sea de peor calidad que en aquellos en que se utilizan otros métodos para medir las audiencias.

En esto del Estado y los medios, sorprende la inexplicable longevidad del diario La Nación. No sé cuantos diarios gubernamentales queden en el mundo, pero sin duda deben ser muy pocos. Tanto sus niveles de lectoría como su falta de gravitación no hacen más que refrendar el sin sentido de su artificial sobrevivencia.

El malestar con los medios es pan de cada día en todas partes. No conozco sociedad que se sienta satisfecha con el desempeño de sus medios y Chile no tiene por qué ser la excepción. También es evidente que aquí la televisión y los diarios han estado exentos del escrutinio al que esta industria es sometida en Estados Unidos y Europa. En estos países son las universidades y otras organizaciones privadas las que tienen puesto un ojo en el desenvolvimiento de los medios. En una sociedad moderna y democrática como la que queremos ser, el Estado debe promover políticas publicas que ubiquen esta función en la sociedad civil y muy lejos de la burocracia estatal y de los gobiernos de turno.



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