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Las nuevas proyecciones

Jorge Marshall

Publicada el: 20/07/2010


El Mercurio, martes 20 de julio de 2010

La atención de las autoridades debe trasladarse desde los riesgos que existen en los países avanzados a la fuerte expansión de nuestro gasto interno


La economía avanza a paso firme, el ministro de Hacienda celebra y el Banco Central sube la tasa de interés. Ausentes están las autoridades que decidieron compensar la caída de la demanda privada cuando irrumpió la crisis internacional. Lo que ocurre ahora es en buena medida la consecuencia de la atinada expansión macroeconómica de 2009.

Reconocer este nexo de causa-efecto es importante para comprender el funcionamiento de los ciclos de la economía chilena y, así, evitar un sobrecalentamiento en los próximos trimestres a través de una gradual normalización del impulso fiscal y monetario.

Las perspectivas para el segundo semestre son de un crecimiento cercano al 6% y del mismo orden para 2011. La ocupación se recupera aceleradamente y el gasto privado se expande por encima del 15%, con un fuerte aumento de la inversión y del consumo de bienes durables. Todo ello refleja que el principal riesgo para la economía chilena ya no está en el escenario externo, sino en el ritmo de expansión del gasto interno.

La crisis financiera internacional no dañó los fundamentos de la economía, lo cual se debe principalmente a la buena respuesta de las autoridades. Por esta razón, los amortiguadores naturales de la demanda (que se basan en la situación patrimonial de los hogares, de las empresas y del gobierno) son ahora tan o más sanos de lo que eran antes de la crisis: la deuda de las empresas y de los hogares se ha reducido y los bancos están sólidos.

En este contexto, el rebrote en la volatilidad de los mercados financieros internacionales, que alcanzó su peak en mayo pasado y que se originó en la acumulación de temores respecto de la banca europea y de la sostenibilidad de la deuda en algunos países de dicho continente, y en la pérdida de impulso de la recuperación en EE.UU., revierte el optimismo que se había incubado en dichos países.

En las economías emergentes, en cambio, el principal efecto de este fenómeno es la fuerte reducción de los flujos de capital, pero sin perturbar las expectativas de los consumidores e inversionistas como había ocurrido a fines de 2008.

La combinación de los sólidos fundamentos de la economía, el mejor escenario externo (incluso con los altibajos mencionados) y el fuerte impulso macro están permitiendo retomar decisiones de consumo y de inversión que estaban postergadas. En estas condiciones hay que reconocer la acertada política macroeconómica de 2009, con un crecimiento del gasto público cercano al 18%, una tasa de interés en sus mínimos históricos y la agresiva inyección de liquidez.

Cuando las empresas querían estar líquidas para enfrentar la incertidumbre o los hogares optaron por reducir su endeudamiento, el fisco y el Banco Central hicieron lo necesario para satisfacer estos afanes, evitando ajustes exagerados en las tasas de interés o en el tipo de cambio.

Sin embargo, las políticas macroeconómicas operan con rezago: la información de la actividad demora en llegar a los escritorios de las autoridades, luego pasa un tiempo antes de que éstas adopten las medidas correctivas y finalmente se necesitan varios trimestres para que se produzca el efecto esperado en la economía. Por esta razón, la expansión no logró impedir que el producto y el empleo cayeran en 2009, aumentando la pobreza en dicho año; pero sí logró cuidar los fundamentos de la economía, generar la vigorosa recuperación que estamos viviendo y retomar la senda de reducción de la pobreza.

El arte de la política macroeconómica consiste en acelerar y frenar con la intensidad y en los tiempos apropiados.

En la actualidad, tanto la política fiscal como monetaria siguen siendo expansivas. La tasa de interés -que aumentó a 1,5% la semana pasada- está nítidamente por debajo de sus niveles normales, y el gasto público crecerá este año en 9% mientras el presupuesto aprobado anticipaba un incremento de 4,3%.

Es prudente preguntarse a qué velocidad se deben retirar estos estímulos en una economía sana y con un entorno externo que, a pesar de los altibajos, presenta un escenario conducente a la expansión de las economías emergentes como la chilena.

El actual crecimiento de tendencia de la capacidad productiva está en torno a un 4,5% y la expansión de la demanda está por encima del 10%. Las holguras de capacidad y de las cuentas externas que existen actualmente pueden hacer pensar que es posible postergar la normalización del estímulo fiscal y monetario. Sin embargo, sabemos que estas políticas funcionan con rezagos importantes, por lo que las acciones que se adopten ahora tendrán efectos a mediados del próximo año.

Los movimientos del Banco Central son razonablemente predecibles, aunque el aumento de la tasa de interés será algo más rápido que lo anticipado hace un tiempo. La dificultad está en restablecer una trayectoria prudente para la política fiscal, porque en los hechos abandonamos la regla en 2009, luego el actual gobierno la congeló y señaló que alcanzará el balance estructural al término de su período, lo que parece en exceso exigente si al mismo tiempo se pretende financiar la reconstrucción, satisfacer las expectativas que se han creado y acomodar las rebajas permanentes de impuestos.

Lo que está en duda no es el compromiso del Gobierno con la responsabilidad fiscal, sino la explicitación de las metas que pretende lograr en los próximos años. De hecho, una combinación de mayor gradualidad para llegar al balance estructural, pero con transparencia y claridad de los objetivos intermedios sería más recomendable, por lo que es importante el trabajo que está realizando la comisión encargada de revisar la metodología de la regla fiscal que encabeza Vittorio Corbo.

En síntesis, la atención de las autoridades debe trasladarse desde los riesgos que existen en los países avanzados a la fuerte expansión de nuestro gasto interno. En la medida que ello sea realizado con la debida anticipación podríamos tener varios años de estabilidad y crecimiento.



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