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A reducir la huella ecológica de nuestras ciudades

Pablo Allard

Publicada el: 22/09/2008


La Tercera, domingo 21 de septiembre de 2008

Me consultaron cuál sería mi idea para un Chile mejor, y sin dudar propongo: que en la próxima década asumamos como política de Estado el desarrollo de ciudades sustentables. En otras palabras, que en el corto plazo todo nuevo desarrollo urbano tenga una huella ecológica neutra y nos propongamos, en los próximos 10 años, reducir la huella ecológica de las ciudades existentes.

Huella ecológica (HE) es el número de hectáreas por persona que se requieren para mantener los niveles de consumo y desechos a nivel global. La HE actual en el mundo occidental es de 6,4 hás y requerimos bajarla, al menos, a 2,5 si no queremos agotar los recursos del único planeta que tenemos.

Chile tiene una oportunidad histórica para enfrentar este desafío. Somos un país con poca población y un entorno natural privilegiado. Cerca del 90% de los chilenos vivimos en ciudades, donde la cobertura de servicios es amplia y eficiente. El déficit habitacional se cubrirá en menos de 10 años y contamos con una política habitacional que fomenta la integración social. Con esta plataforma institucional y capacidad de responder en contextos de escasez, en la medida que aumenten los ingresos de la población se harán más fuertes las demandas por un mejor estándar ambiental y calidad de vida de nuestras ciudades.

En ese escenario, el tema crítico será la contaminación ambiental y el consumo energético e hídrico. Hoy, el 79% de los gases invernadero provienen de edificaciones y el 36% del consumo energético global se destina a calefacción y a climatización. La contaminación ambiental ya no es exclusiva de Santiago; afecta a Temuco, Rancagua y vemos en todas las ciudades intermedias del país cómo de quema leña no apta para calefaccionar, se incinera la basura y los humeantes buses que erradicamos de Santiago siguen paseando impunes. Para qué hablar de los vertederos clandestinos y la poca cultura de reciclaje y compost: si no fuese por los recolectores que a diario escudriñan nuestra basura, sería mucho peor.

Este año todos internalizamos el alto costo de nuestra dependencia energética y todos sufrimos con las alzas en nuestras cuentas de gas, electricidad y agua. Por fin reconocemos que el incómodo “chiflón” que se colaba por la rendija de la ventana nos salía más caro que sellar la ventana, y que el costo de hacer bien las cosas desde un comienzo es mucho menor que el de reconvertir después. Si Chile quiere posicionarse como potencia alimentaria, plataforma de servicios, promocionar un turismo sustentable y fomentar la innovación, tenemos que enfrentar el tema de las ciudades con determinación, como hicimos cuando incorporamos los autos catalíticos en Santiago.

¿Cómo hacerlo? Desde hace 10 años existe en la Región Metropolitana el mecanismo de los Desarrollos Urbanos Condicionados. Este exige a aquellos proyectos que urbanicen fuera de la ciudad una serie de condiciones que internalicen los costos sociales que generan, por la vía de las mitigaciones viales, áreas verdes, infraestructura de aguas lluvias, equipamiento y otros. Este mecanismo está incorporado en el nuevo proyecto de Ley de Planificación Urbana, con lo cual podríamos eventualmente exigir a cada nuevo proyecto un set de condiciones más específicas, incluso incorporando alguna norma internacional vigente, que generen un nuevo estándar en la manera de hacer ciudad.

¿Cuáles podrían ser esas condiciones? Fomentar los desarrollos en densidad, con mejor uso de suelo; que bajen el número y distancia de viajes; que incorporen criterios de eficiencia energética e hídrica en el diseño de barrios y edificaciones; que promocionen usos mixtos y diversidad socioeconómica, y que contemplen un manejo eficiente de residuos.

Estas condiciones deberían quedar estipuladas en una norma técnica especial, donde cada proyecto o edificio se someta a certificaciones y revisiones periódicas para su aprobación. También, se deberán generar indicadores para evaluar y calibrar la efectividad de estas condiciones, para cumplir con la meta de reducir la huella.

¿Se encarecerá mucho la construcción? Si se mantienen incentivos tributarios como la exención del IVA exclusivamente para estos proyectos a alineamos los subsidios provenientes de la estrategia País Eficiencia Energética y País Eficiencia hídrica, es posible mitigar los costos de entrada.

Por otro lado, generaríamos todo un nuevo campo de servicios de certificación y diseño especializados, así como una nueva industria de materiales y procesos de construcción que capitalicen las demandas de nuestro país y todos aquellos mercados que ya optaron por este camino.

Los escépticos pensarán que habrá problemas de diseño e implementación, pero podemos hacerlo en forma incremental. Primero, en las áreas de expansión de Santiago y luego en regiones, para pasar después a la difícil reconversión de las ciudades interiores.

Podríamos partir con una ciudad modelo de pequeña escala, y diseñarla completamente bajo estos criterios. Imaginemos lo que podría llegar a ser Nueva Chaitén como puerta de entrada a la Patagonia, si se construye como una ciudad sustentable, alineada con la visión de desarrollo para Palena.

A los que se preguntan si tenemos el capital humano y capacidad para hacerlo, les cuento que China – sin firmar el protocolo de Kyoto- ya se ha embarcado en la construcción de 10 ecociudades para más de 500 mil habitantes cada una, sobre la base de que su huella ecológica sea neutra. Incluso, pretenden financiar su infraestructura con la venta de bonos de carbono. Pues bien, los arquitectos y urbanistas que están diseñando esas ciudades son chilenos.

Tenemos la oportunidad, la institucionalidad y la capacidad técnica para dar este salto cualitativo en la calidad de vida de nuestro país, si lo hacemos con determinación, aprendemos las lecciones y nos creemos el cuento.



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