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La crisis financiera y la gestión de capital

Christian Larraín

Publicada el: 08/10/2009


La Segunda, jueves 8 de octubre de 2009

Aparte del enorme impacto que la crisis financiera ha tenido en los sistemas financieros internacionales y sus respectivas economías, una de las mayores consecuencias radica en el cambio que ha generado respecto del papel asignado a la supervisión y regulación. Las propuestas contenidas en los informes del Foro de Estabilidad Financiera, el Informe Larosiére, el Informe Turner y el documento del Departamento del Tesoro de EE.UU. así lo reflejan.

Más allá de que existe un debate en curso, e incertidumbre acerca del alcance con que las reformas serán implementadas, también hay algunas certezas. En mi opinión, una de las más claras dice relación con el tema de la adecuación de capital de las instituciones financieras. Las expectativas que se han generado en relación a la medición de los riesgos de crédito, liquidez y mercado, los análisis de estrés el riesgo de concentración, tiene un resultado bastante previsible: un incremento en el requerimiento de capital regulatorio y una modificación en el contenido de dicho capital, con mayor relevancia al capital primario (Tier 1 en la terminología de Basilea).

Asociado a lo anterior, el tema de la gestión de capital también pasa a ser central. El principio Nº1 del llamado Pilar II de Basilea establece que “las instituciones financieras deberán contar con un proceso para evaluar la suficiencia de su capital total en función de su perfil de riesgo y con una estrategia para mantener sus niveles de capital”.

En definitiva, en un contexto donde el capital pasa a ser un facto más escaso, y respecto del cual el supervisor lo propone como un elemento central de la supervisión, es fundamental que las instituciones financieras adopten procesos de gestión de capital de mayor desarrollo y elaboración. Es interesante notar que este tema no sólo se aplica para bancos, sino también para compañías de seguros.

Un proceso de gestión de capital apunta a tres objetivos centrales: a) Responder a los requisitos establecidos por el regulador; b) Determinar el volumen de capital que requiere la institución financiera para hacer frente a eventos inesperados pero posibles sin que ello comprometa la estabilidad de la institución; c) Asignar el capital por centros de negocios, como base para un modelo de gestión tipo rentabilidad ajustada por riesgo, en virtud del cual la administración puede identificar aquellas áreas dentro de la entidad que agregan valor versus aquellas que no cumplen con estándares mínimos de rentabilidad del capital definidos por los accionistas.

El gran desafío es entonces que las instituciones financieras avancen hacia las mejores prácticas en materia de gestión de capital, generando los procesos y definiciones organizacionales que permitan alcanzar este objetivo. Una vez efectuado ello, es posible avanzar a un proceso de tarificación acorde con la rentabilidad y riesgos de los clientes.



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