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Chile en el nuevo escenario global

Jorge Marshall

Publicada el: 23/11/2010


El Mercurio, martes 23 de noviembre de 2010

"La apreciación del peso debe ir de la mano de reformas estructurales que aumenten la competitividad para llegar al desarrollo en esta década..."

Los antecedentes recientes confirman que la economía mundial seguirá a media máquina: mientras los países desarrollados atraviesan por un período de ajustes estructurales, las economías emergentes demuestran que pueden mantener su dinamismo en un contexto global más bien sombrío. Este escenario de contrastes llevará a una gradual apreciación de las monedas de esas economías, lo que plantea importantes desafíos a nuestro país, respecto de los cuales no hay respuestas fáciles y se requerirá bastante trabajo para indagar los mejores caminos. Sin embargo, es claro que la apreciación del peso debe ir de la mano de reformas estructurales que aumenten la competitividad, de lo contrario se retardará el anhelo de llegar al desarrollo en esta década.

La crisis financiera en Estados Unidos puso fin a un ciclo de crecimiento que dependía excesivamente del consumo y del endeudamiento privado. Estos motores ya no funcionan y reemplazarlos tomará varios años. Todo esto agravado por un sistema político que no logra superar su polarización. La situación en Europa no es más promisoria: las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública de Irlanda y Grecia siguen generando tensiones políticas y volatilidad financiera.

Las economías emergentes, en cambio, mantienen un vigoroso dinamismo. Por ejemplo, los BRICs (Brasil, Rusia, India y China) crecerán en torno a un 8% promedio anual en los próximos cinco años. Esta situación favorecerá a los países que, como Chile, son exportadores de productos básicos con elevados precios, tienen mayores vínculos con los países de rápido crecimiento y mantienen su atractivo para recibir inversión extranjera. En este cuadro una preocupación relevante es la reciente aceleración de la demanda doméstica que, en estos países, puede generar sobrecalentamiento y presiones inflacionarias. Este riesgo aumenta en la medida que las autoridades se demoren en normalizar el impulso macroeconómico que todavía existe en la mayoría de los países, incluido Chile.

En este escenario coexisten tasas de interés bajas en las economías avanzadas; presiones para que los países con holgura estimulen su demanda interna; tendencia a la depreciación global del dólar; y movimientos de capitales hacia mercados con mayores rentabilidades. Con ello aparecieron diversos temores, desde la formación de burbujas financieras en las economías emergentes hasta guerras cambiarias, lo que ha aumentado la tensión en las relaciones entre los gobiernos y temores en los mercados financieros.

Sin embargo, la respuesta de los gobiernos en ambos grupos de países ha sido cauta, coherente con la responsabilidad compartida que ahora todos tienen en la marcha de la economía mundial. Ambos grupos están concientes que sus economías no están completamente desacopladas y que se necesitan mutuamente. Los países avanzados saben que se están beneficiando del dinamismo de las economías emergentes, por lo que sus perspectivas de crecimiento son mejores en el escenario actual que en una eventual guerra de divisas o en una escalada proteccionista. En las economías emergentes se desvanecieron las ideas que circularon hace unos años recomendando modificar el modelo de crecimiento. Ahora estos países constatan que pueden mantener un alto dinamismo en el escenario actual.

Todos reconocen las interdependencias y la necesidad de lograr una mejor coordinación, lo que es muy difícil si las aspiraciones de algunos países requieren de ajustes drásticos en otros. La corrección de los desbalances de la economía mundial se logrará a través de un proceso gradual que ya está en marcha.

En este cuadro los desafíos que enfrenta Chile son similares a los de otras economías emergentes, incluido China. Se trata de acomodar la ineludible apreciación de las monedas domésticas a través de reformas estructurales que permitan aumentos de productividad y nuevas oportunidades de inversión.

Para lograr este objetivo, la primera tarea de las autoridades es evitar un sobrecalentamiento de la economía, que podría llevar a una apreciación más pronunciada ya que la demanda interna presiona los precios de los bienes no transables. La fuerte recuperación de la demanda ha sido celebrada porque ha permitido reducir el desempleo, pero si el consumo privado continúa creciendo a dos dígitos, vamos camino a un sobrecalentamiento y una apreciación excesiva. Esto requiere que la misma coordinación entre la política fiscal y monetaria que observamos para generar los estímulos macroeconómicos, funcione ahora para retirarlos. Hay que advertir que, de acuerdo a las proyecciones entregadas por Hacienda, durante los cuatro años de este gobierno el gasto público, como porcentaje del PIB, será más de 2 puntos porcentuales superior al promedio de los 20 años de la Concertación.

Sin embargo, los cambios que estamos observando en la economía mundial son duraderos, por lo que junto con amortiguar la apreciación a través de políticas que incentiven el ahorro es necesaria una agenda de reformas estructurales. Más que una solución única, hay que actuar en diversas áreas, como la inversión energética, la reforma del Estado, el mercado del trabajo y la calidad de la educación. En todos estos temas debemos avanzar paso a paso, de modo que al cabo de unos años habremos generado cambios significativos y estaremos más cerca de dar el salto final al desarrollo.

En síntesis, el camino adecuado en la actual coyuntura internacional requiere tanto prudencia en el manejo de las políticas macroeconómicas, como enfrentar las restricciones estructurales de la competitividad. Más que un trabajo técnico o de procesamiento de información, esta tarea requiere de un proceso colaborativo y de conversaciones que involucren a todos los actores, para identificar y llevar a la práctica lo que es conveniente para elevar la productividad y alcanzar la meta de llegar al desarrollo en esta década.



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