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Transformando conflictos en parques

Pablo Allard

Publicada el: 07/12/2007


La Tercera, domingo 18 de noviembre de 2007

En los últimos meses hemos visto el incremento de una serie de conflictos urbanos producidos por el eventual emplazamiento de infraestructuras y usos de suelo no deseados en áreas residenciales. La planta de transferencia de residuos sólidos en Quilicura, la de gas en Peñalolén o el reciente traslado de una antena celular en Recoleta son sólo algunos ejemplos. En muchos de estos casos, los vecinos directamente afectados legítimamente acusan detrimento e impactos negativos que afectan el valor de sus propiedades, los más radicales incluso alegan que intencionalmente estas infraestructuras se localizan en barrios de menores recursos para aminorar costos, sin embargo la mayoría de estas instalaciones definen su localización por razones técnicas ya sea de cobertura o geográficas. Las estaciones de transferencia de residuos sólidos deben estar en áreas de fácil acceso y contiguas a la línea férrea que conduce al vertedero de Til-Til, las plantas de tratamiento de aguas requieren estar en los puntos bajos de la cuenca, y las plantas de distribución de gas y subestaciones eléctricas dependen de sus áreas de cobertura, por lo que argumentar criterios de inequidad es relativo. Por otro lado, estas infraestructuras, a diferencia de otros megaproyectos como centros comerciales o desarrollos inmobiliarios, son necesarios para la comunidad e inevitables, y no queda más que resolver su integración urbana de manera de no afectar la seguridad y calidad ambiental del entorno. El problema está entonces en cómo conciliar la necesidad de cobertura y provisión del servicio con la debida integración urbana y diseño de estas infraestructuras.

En este sentido llama la atención el caso de la transmisión eléctrica, la cual pese a ser la más limpia de las energías, dada la envergadura de sus redes y la alta demanda que tiene, obliga a que sus tendidos de alta tensión irrumpan en la ciudad con torres y subestaciones de distribución. El suministro de energía eléctrica urbana debe ofrecer una disponibilidad confiable y debe ser rentable. Muchos arguyen que las torres de alta tensión urbana debieran soterrarse, pero los costos de ello podrían afectar de tal manera las tarifas que probablemente los usuarios no lo aceptarían. Para tener una idea, Vitacura durante muchos años intentó soterrar las torres de alta tensión que cruzan Alonso de Córdova, finalmente optando por reemplazarlas por torres más estilizadas por temas de costo, y eso que estamos hablando de la calle más exclusiva de Santiago, donde conviven sin mayor conflicto boutiques, restaurantes, galerías y selectas tiendas al alero de cientos de Megawats. Lo sorprendente de este caso es que pese a seguir presentes, el buen diseño urbano de parques y veredas, así como el atractivo de las vitrinas y tiendas hacen pasar a segundo plano la presencia de las torres.

Es deseable que las líneas de transmisión o distribución y las subestaciones de transformación, o de switcheo no afecten el aspecto estético de la ciudad, sino que sean prácticamente invisibles en el entorno. Debido al alto costo del terreno en las áreas urbanas, el espacio requerido para estas subestaciones debe mantenerse al mínimo, y contemplar las mayores medidas de seguridad para su operación. En este sentido, en Santiago destacan algunas subestaciones que pasan desapercibidas para muchos transeúntes, como la subestación Brasil, en Mapocho esquina Almirante Barroso, albergada al interior de una fachada histórica pese a haber sido construida en 1999, o la subestación Los Dominicos en Las Condes, emplazada en el exclusivo Camino del Otoñal y recientemente remodelada, la cual se integra con su entorno residencial.

El problema es que cada vez se hace más difícil para las empresas distribuidoras conseguir terrenos aptos para ampliar sus redes, y más temprano que tarde nos veremos en la necesidad de integrar estas infraestructuras al espacio público. Si bien a primeras esta idea parece controversial, la experiencia internacional apunta a que un buen diseño acompañado por el compromiso de las empresas a construir y mantener estas plazas y parques podría efectivamente ofrecer beneficios al barrio.

Un ejemplo de esto es la subestación de transformación de Barbaña, construida en el centro de la ciudad gallega de Orense, España. Un criterio importante durante la planificación del proyecto, fue que la subestación no debía requerir un espacio extra ni ser vista por los transeúntes. Ambos objetivos se lograron de manera extraordinaria: La subestación fue construida debajo de un parque público. Su presencia pasa totalmente desapercibida y el zumbido típico del transformador no se escucha gracias a la incorporación de una cascada en el parque junto a la subestación. Por otro lado, la empresa se encarga de la mantención y cuidado del parque liberando fondos municipales para otros fines. Si logramos conciliar estos dos mundos, es posible que muchos transformadores terminen por “transformar” un conflicto en oportunidad, y de paso reduzcamos el déficit de parques y áreas verdes que tenemos en nuestras ciudades.