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05/05/2010

Nueva columna: Visiones para el futuro de la innovación en Chile











La Segunda, miércoles 5 de mayo de 2010

* Esta columna fue escrita por Bernardita Escobar

La asignatura que más pendiente tiene Chile en materia de I+D (Investigación y Desarrollo) es la que se refiere a la innovación aplicada y al patentamiento de nuevas ideas. En el país las solicitudes de patentes (por un millón de habitantes) son apenas un 1 a 3% del promedio que exhiben los países de OCDE, en los cuales el sector productivo-privado juega un rol central en esta materia, realidad que no se observa en nuestro país.

En este contexto resulta paradójico que en su reciente agenda el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC), haga hincapié en la necesidad estratégica de controlar más la distribución de fondos públicos destinados a la investigación científica en las Universidades, alegando la necesidad de agregar criterios de ‘pertinencia e impacto’ en dichas decisiones. Responsabilizar a los pocos que realizan la escasa investigación científica del país de las carencias en producción de innovación del sector privado es un contrasentido. Inducir a que aquellos que sí hacen investigación la hagan conforme a la visión del CNIC no parece la mejor estrategia.

La idoneidad para decidir la pertinencia de la investigación científica debe recaer en la comunidad científica, así como el criterio para juzgar la pertinencia de las innovaciones de procesos y productos recae, en definitiva, en el mercado. Si constatamos que las universidades han incrementado sus estándares de productividad científica de publicaciones de estándar mundial (ISI, Scielo) y que además éstas tienen una sobre representación entre las solicitudes de patentes nacionales en relación a otros países (8% contra un 1% de las extranjeras) ¿por qué perseguirlas (política y financieramente) para que reorienten los esfuerzos de investigación hacia las tareas que le competen al sector privado y que éste no realiza? Obligarlas a que reorganicen sus agendas para suplir carencias estructurales del sector productivo no sólo parece desbalanceado, sino que es riesgoso como medio para alcanzar las aspiraciones de desarrollo sostenible y crecimiento económico.

Sin desconocer los beneficios que se derivan de acercar la universidad a la empresa, no podemos olvidar que éstas distan de alcanzar los estándares de productividad científica del primer mundo. Priorizar la excelencia y acceso a recursos son claves para lograrlo. No así distorsionar la función última de la academia (generación y divulgación de conocimiento científico) para suplir la deuda pendiente del sector privado en materia de I+D, éste requiere determinación (además de incentivos) para jugar el rol que le corresponde en innovación.



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