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8/09/2010

Fomento productivo: ¿Cómo dar en el blanco?

Columna escrita por Gonzalo Rivas

La Segunda, miércoles 8 de septiembre de 2010.


...en la implementación de los instrumentos y programas se debe caminar con cautela, buscando generar los tiempos para que el mercado se desarrolle...

Los instrumentos y programas de desarrollo productivo, por lo general, se basan en incentivos otorgados al mundo empresarial que esperan generar en éste un determinado comportamiento, sin embargo, ¿qué asegura al Estado lograr la conducta esperada? Esta es una pregunta que las nuevas autoridades a cargo de estos temas deberían estar haciéndose. Hay que considerar que el adecuado equilibrio en materia de incentivos es un proceso de ajuste permanente y que el desafío de estimular a los empresarios a actuar en determinada dirección (a que innoven más, por ejemplo) es una tarea que requiere perseverancia.

En Chile es necesario aprender de la experiencia, ya que no existe personal en el mercado que esté entrenado para moverse con expertise en este ámbito. Tampoco es fácil encontrar un conjunto de asesores o consultores competentes que puedan actuar como mediadores entre la oferta de instrumentos y su eventual demanda, por ejemplo, ayudando a los empresarios a preparar sus propuestas y proyectos. Así, avanzar en el apoyo público al desarrollo productivo no implica sólo tener los recursos, ya que hay que considerar las capacidades disponibles para realizar una buena colocación de éstos, balanceando también la capacidad de absorción de la demanda.

Por otra parte, en la implementación de los instrumentos y programas se debe caminar con cautela, buscando generar los tiempos para que el mercado se desarrolle y para que los propios funcionarios de las agencias involucradas vayan realizando un aprendizaje que, indispensablemente, tiene que hacerse en la práctica. Sin embargo, aún cuando las iniciativas de fomento sean permanentes en el tiempo y se cuente con personal más entrenado, el aprendizaje obtenido a partir del proceso realizado es usualmente descuidado como un objetivo de gestión, por lo que es altamente recomendable que las instituciones aborden de manera explícita la gestión del conocimiento, como una forma de profundizar y acelerar el aprendizaje entre sus miembros y como un modo de hacer más expedito el proceso de inducción de nuevo personal.

Nada asegura a ciencia cierta que la intervención pública dará en el blanco a la hora de aumentar la productividad. El Estado -al igual que el mercado- se encuentra sujeto a diversas “fallas” que es preciso identificar para generar criterios que guíen sus intervenciones, las que no son una tarea fácil que se pueda hacer de la noche a la mañana. La experiencia indica que se aprende en base a un proceso de prueba y error y que instalar un nuevo instrumento de fomento suele demorar años.



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